Testimonio de una noche curuba, por Beatriz Arango

Esta semana fui invitada a participar en un encuentro de mujeres organizado por La Letra Curuba, una inspiradora comunidad de mujeres.

La propuesta era que hablara, junto a otras tres mujeres, de mi “grito de independencia”. Sí, de esos puntos de inflexión que han marcado mi vida y que han significado momentos de reconstrucción, renovación y reinvención, con los necesarios episodios de dolor y asombro.

Más allá de compartir mi experiencia, la noche “curuba”, convocada por la querida Diana Carolina Jiménez, fue una revelación de sororidad, de afecto generoso entre mujeres que hasta entonces no nos conocíamos.

Un encuentro desde la palabra, con el corazón y el alma, en el que surgían frases poderosas como “Cuando compartimos todas yo siento que mi corazón se expande”. “Somos una exageración del universo, como las estrellas, como el Amazonas, vamos a creernos el cuento, que no nos digan lo contrario”. “Vamos a desobedecer, vamos a ser un poco más rebeldes”.

Y a fe que lo hemos sido, a nuestra manera, a veces en pequeñas dosis. Porque esos gritos de independencia, nuestros gritos, nos unen a todas, y van apareciendo como un tejido poderoso bajo nuestra piel, del que no teníamos noticia y que nos da una fuerza tremenda para pararnos frente al miedo y decirle: “¿Qué? ¡Permiso que voy a pasar!”.

Al final, conversamos de la vida, de los necesarios cuidados de género, de escucharnos, de echarnos más piropos amorosos, de creer más en cada una y en la otra. Gracias a todas por ser y estar.

* Esta columna fue publicada en el diario ADN de Medellín.

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