De óxido y hueso, la peli recomendada para este fin de semana

“Hay 27 huesos en la mano del ser humano, algunos simios tienen más. El gorila tiene 32, 5 en cada pulgar. Pero el hombre tiene 27. Si te rompes un brazo o te rompes una pierna, al cabo de un tiempo el hueso se recubre de calcio y vuelve a soldarse, con suerte hasta será más sólido que antes. Pero si te rompes un hueso de la mano, puedes estar seguro de que nunca se recuperará del todo. Antes de cada combate te acordarás, cada vez que des un golpe te acordarás. Tendrás cuidado, pero en algún momento el dolor volverá, como agujas, como cristales rotos”.

Es cierto. Hay fracturas en mi cuerpo que nunca logran regenerarse aunque pase el tiempo. Al parecer no encontraron el camino para encajar de nuevo, por lo cual he aprendido a caminar con esas grietas grabadas en mí aunque a veces una punzada repentina me recuerda que el dolor no ha desaparecido.

“De óxido y hueso”, una película dirigida por Jacques Audiard y protagonizada por Marion Cotillard, removió esas heridas que nunca terminan por sanarse pero que suelen recordarnos que es el dolor el que nos fortalece, que en este viaje de la vida lo impredecible es la constante, y que en cualquier momento, como un vuelco de un cangrejo, podemos pasar de la serenidad a la desesperación.

Esta película francesa (y que puedes ver en Netflix este fin de semana) narra el encuentro fortuito entre dos personajes cargados de emociones, dramas y angustias personales que logran complementarse para sobrellevar su melancolía.

Alí, un hombre cargado de rudeza, debe hacerse cargo de su hijo de cinco años a quien apenas conoce, en uno de los momentos más inestables de su vida. Stéphanie, una domadora de orcas de un acuario, tiene una confusa vida sentimental y una personalidad parca y sombría, hasta que un incidente le vuelca su vida por completo.

Sin muchas pretensiones técnicas y efectos visuales de post-producción, esta película maneja una estética sencilla, con colores fríos que van acordes con la melancolía de sus personajes. Solo bastan unos cuantos planos iniciales para adentrarse en la incertidumbre de Alí y su hijo Sam, ambos caminando como nómadas por la ciudad, sin dinero para comer. Sin embargo, el amor entre ambos se siente sutil a pesar de la extrañeza que sienten esos dos seres entre sí.

La transformación que tienen los dos protagonistas es alucinante. Stéphanie se muestra al principio como una mujer infeliz, atormentada con la vida y dependiente emocionalmente en una relación tóxica. Admito que me molestó bastante verla en el rol de sumisa, pero cómo juzgarla si en la vida real nos pasa: confundimos amor con dependencia, y nos llenamos de apegos que nos limitan y alcanzan a nublar nuestro horizonte a tal punto, que no proyectamos una vida más allá de lo que vemos en frente.

Volviendo a la película, es justo allí, bajo el agua, en el único lugar donde Stéphanie encontraba paz, donde cambiaría su vida para siempre.

El acuario está a reventar. Los parlantes retumban a todo volumen. Empieza el show, sobresale el dorso azabache y brillante de las gigantes orcas, y en las pantallas se ve a Stéphanie sonreír por primera vez. Las orcas hacen una pirueta majestuosa. El público enloquece, la música cambia, los planos se ralentizan y los movimientos de las orcas se tornan esplendorosos. De repente, un azul turbio invade la pantalla, un silencio escalofriante paraliza todo y llega el caos.

Minutos después me encuentro cuestionándome sobre lo incierta que puede ser la vida y lo vulnerables que somos ante la inmensidad. Y si bien la película se trata del dolor, también nos habla de la capacidad que tenemos para regenerar el alma.

¡Qué cátedra magistral de entereza y valentía!

“De óxido y hueso” es una muestra más del poder sanador y sin límites del amor que no discrimina a quien se entrega, ese que transforma, que es libre, que mueve el mundo, y que comienza con el autoestima.

En la película surge una conexión mágica de una amistad improvisada entre los dos protagonistas. Estas dos personalidades melancólicas y abrumadas por los golpes recibidos se unen para formar una combinación única, capaz de regenerar cada hueso roto, cada nervio afectado. ¿Y acaso eso no es el amor?

Películas como “De óxido y hueso” me inspiran y me alientan a seguir transitando por los caminos empedrados a pesar de mis huesos rotos, y a lucir con orgullo las cicatrices de mi cuerpo. Me recuerdan el dolor ausente y la fortaleza presente.

Curubas, espero esta película logre reafirmar su entereza y alimentar su espíritu como lo hizo conmigo. Espero que el personaje que encarna la maravillosa Marion Cotillard les recuerde que el poder está dentro de nosotros, que tenemos una fortaleza sin límite; que somos independientes, fuertes e intensas. ¡Inspiración poderosa para mujeres alfa!

Si quedaron antojadas de ver la película la encuentran completa en Netflix como: “Metal y hueso”.

Seguiré en esa búsqueda audiovisual, para compartirles recomendados que nos inspiren, que logren enriquecer el alma, y nos revuelquen el pensamiento.

Puedes ver la ficha técnica de la película en IMDB aquí. 

¿Tú cuál película que revele el poder femenino nos recomiendas? Pronúnciate.

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